Para muchos es un tema menor, otros ya comenzaron a debatir un fenómeno de larga data, pero que se ve reflejado con cada vez mayor vigor en las tribunas del estadio Monumental. La cultura del aguante, aquella que vio su esplendor en los ´90, domina a un porcentaje considerable de los hinchas. El famoso “te aliento aunque ganes o pierdas “, está enquistado y pese a su forma positiva en lo relativo al amor y la pasión por el club, también se vuelca de un modo dañino cuando excede estos campos y produce un corrimiento en la identificación que históricamente tuvo el hincha por el juego vistoso, el toque como premisa y las goleadas como conclusión.
A lo que me quiero referir específicamente es a la mutación que se vive en las tribunas, donde conviven hinchas más atentos por el colorido, la guerra de cánticos y la presencia, o no, de ciertos personajes nefatos, denominados barras, que no alientan para otro equipo que no sea el de su propio beneficio económico. Los años de fracasos deportivos distorsionaron la cosmovisión del espectador modelo para convertirlo en un nuevo producto de esa cultura del aguante que canta en todos lados, pero se olvida que el espectáculo se vive, sobre todo, adentro del campo de juego.
Así llegamos a una situación peligrosa, quizás, donde se llegan a vivir situaciones desconcertantes como un grupo de hinchas despidiendo con aplausos al equipo, en el Monumental, luego de una derrota ante Atlético de Tucumán. No quiero confundir al lector, el apoyo es vital y necesario para un equipo que demuestra falencias en el aspecto anímico; no obstante, hay una historia que nos demanda un nivel de exigencia que parece que muchos han perdido.
River es grande por su gente, sus títulos y su historia. Es una institución modelo que sigue en pie pese a todos los desmanejos económicos que padeció durante los últimos diez años. Fue la Maquina, El equipo de Ramón, Los Cuatro Fantásticos, el Semillero del Mundo y muchas cosas más. No perder de vista este pasado que nos hizo el más grande es una de las tareas que deberá afrontar buena parte de la gente que pensó que mirando para otro lado, la tribuna en este caso, podrá digerir de un mejor modo el disgusto de tener que jugar en una categoría que nos golpea el orgullo y mancha el prestigio.
La identidad es una categoría fundamental en la socialización de cualquier individuo. Conocer la historia que nos une, saber respetarla y sobre todo aplicarla en el presente es uno de los caminos que debemos comenzar a transitar para dejar de enceguecernos por las luces de los fuegos artificiales o festejando los campeonatos de las recaudaciones. Es un orgullo ver como la gente del interior revoluciona cada estadio, ciudad o localidad donde a River le toca viajar. Pero nosotros fuimos grandes por lo que hicimos como equipo, por la tradición que desplegamos en la cancha y las joyas que sacamos de las inferiores… A este modelo es al que debemos retornar.
Muy buenas las apreciaciones sobre la identidad riverplatense. Precisamente escribí sobrel particular en mi blog “Soy de River desde el tiempo de Labruna”.
Ese día nuestra gente alentó gran parte del partido, lo cual “a priori” es inobjetable y pasible del mayor de los encomios. Ahora, yo también lo he manifestado no caigamos en aquello que bien ejemplificó Copani de ser “hinchas de nuestra hinchada”, eso queda para otros. Me enorgullece pertenecer a la mejor hinchada de la Argentina. Pero nosotros somos hinchas fundamentlmente de nuestros campeonatos, nuestras grandes figuras, nuestra estirpe futbolística, nuestro majestuoso estadio, nuestro perfil multidisciplinario.
Precisamente esa noche contra Atlético de Tucumán me iba presa de la desazón por los pasillos de la San Martín. Un grupo de muchachos iba cantando a la par de mis pesados desplazamientos: “Aunque ganes o pierdas no me importa una mier… Sigo siendo de River poque a River lo quiero…”
Muchas veces se entonó el estribillo y ha sido plausible. No era el momento Le pedí a uno de los jóvenes: “Pibe, yo sigo siendo de River porque a River lo quiero”. Pero dejá para otra vez el “aunque ganes o pierdas no me importa una mier…”. “A mí me importa una «mier…» que gane o pierda”.
Nosotros no íbamos a quedar ajenos a la decadecencia de la sociedad en general. El hincha de River, la nueva generación de hinchas de River, en general es más estúpida que la de antaño… al igual que el argentino promedio de hoy,